La salud es un derecho humano y, para garantizar ese derecho, resulta esencial que las actividades destinadas a la salud en diferentes niveles -clínica, investigación, docencia- contribuyan a generar un sistema eficiente, de excelencia, equitativo, justo, y solidario.

Desde esta perspectiva, abordamos las opciones del uso del cannabis medicinal. La investigación en salud, su aporte al conocimiento, en especial en el desarrollo de nuevos productos farmacéuticos representa, además de un desafío productivo y tecnológico, la posibilidad de generar autonomía sanitaria.

Desde hace miles de años, se ha podido hallar numerosos reportes que refieren la utilización del cannabis como una opción terapéutica en diferentes patologías. 

La prohibición de su uso en los años 30 del siglo pasado, y la inclusión en la categoría de sustancias controladas, provocó un brusco descenso en su uso. A partir de la década de los ’90 con el descubrimiento de los receptores cannabinoides y del Sistema denominado Endocannabinoides comienza un período de despenalización e investigación en progresivo aumento.

En nuestro país contamos con la Ley Nacional “Uso Medicinal de la Planta de Cannabis y derivados”, y la Ley de Cannabis y Cáñamo Industrial, aún no reglamentada.

El cannabis presenta una ventaja fundamental: no hay ningún reporte que el uso del cannabis presente una dosis letal, es decir que, aunque se utilice por encima de las dosis recomendadas, no se ha descripto ningún caso de muerte. 

La utilización del cannabis a lo largo de la historia y la extensión de su uso, nos permite contar con innumerables publicaciones que demuestran su eficacia, en especial en epilepsia refractaria, dolor crónico, insomnio, autismo, Parkinson, entre otras, y existen numerosas investigaciones en curso en otras patologías.

Hay diferentes tipos de presentación, en relación a las formas de producción, y a la genética de la planta seleccionada, con mayores porcentajes de THC o CBD: 

Es una excelente noticia la nueva categoría que estableció el Anmat para el cannabis como “producto medicinal no farmacéutico”. De esta forma, los productores actuales que dan respuesta a la demanda de pacientes podrán inscribir sus productos, además de poder sumarlo como “suplemento dietario”, o “cosmético”. 

Así, se va a lograr que su cultivo, a partir de semillas nacionales y no solo importadas, la producción y distribución, con calidad asegurada, pueda ser implementada por los usuarios, laboratorios públicos, universidades, Conicet, organizaciones públicos-privados, ONG, pequeños y medianos productores, cooperativas, pymes, entre otros actores, y no quede solo limitado a la industria farmacéutica. O la recientemente creada Empresa de Base Tecnológica “Cannabis Conicet” que competirá en el mercado.

Argentina cuenta con los recursos humanos y tecnológicos para la investigación, en la genética de la planta, experimentales en modelos animales, moleculares, farmacológicas, clínicas con ensayos observacionales o doble ciego, placebo-controlado. 

EL ECONOMISTA

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