Cualquiera que se inicia en las inversiones sabe que las acciones son arriesgadas y que para un inversor conservador lo más aconsejable es posicionarse en bonos o instrumentos de renta fija. El razonamiento es simple: cuando comprás una acción sos socio del negocio de la empresa. Es decir, dependés de cómo le vaya con sus clientes y sus productos. En cambio, quien compra un bono sabe cuánto le van a pagar y cuánto. 

Esto se ve reflejado en que las acciones brindan mayores rendimientos a largo plazo, pero a costa de asumir mayores riesgos. Entonces se deduce que tiene sentido invertir mucho en bonos si sos un inversor conservador.

Pero, ¿y si te dijera que esto no es siempre así?

EL ECONOMISTA

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