Ayer, pasado el mediodía, la cueva estaba a full. Había una cola de por lo menos 15 personas, casi todas bien cubiertas con amplios barbijos, no tanto por el Covid, sino para que sus caras no fueran identificadas por las cámaras del lugar. Al llegar a su turno, uno de los compradores anuncia “vengo a comprar 1.000 dólares”. “Son 342.000 pesitos”, le contestan. “Pero si por el whatsapp me dijeron que estaba a 339…”, protestó. El comprador dudó, no sabía qué hacer. “¿Los quiere o no?”. “Lo pienso y vuelvo”, y salió del lugar.

Veinte minutos más tarde, después de recorrer otras tres cuevas que ya conocía, el comprador volvió resignado. Llegó y la cola era igual de larga, con todos tapándose bien las caras. Se puso al final y esperó. Al llegar dijo resignado “Bueno, deme los mil dólares por 342.000”. Y del otro lado del vidrio le dijeron “ahora valen 346.000”. El comprador abrió los ojos, dudó de nuevo y titubeante preguntó “son cara grande con franja azul”. “Sí señor, fresquitos, recién traídos de Nueva York, ¿los quiere?”… “Bueno, los llevo”, sacó varios fajos de pesos de distintos bolsillos, los entregó, recibió los 1.000 verdes y se fue.

Escenas como esa se repitieron ayer durante todo el día. Hace cien  días el dólar blue era vendido en las cuevas de la city a $274, y ayer llegó a un récord histórico sin precedente de $346. Sube 26,3% en poco más de tres meses, cuando la tasa paga casi 10 puntos menos, el carry trade está siendo guillotinado. En lo que va de diciembre el blue salta 10,2%, contra una tasa efectiva del 4,8% mensual, ya que ningún plazo fijo se queda en el banco todo el año; en promedio tienen una extensión que se redujo a 41 días.

EL ECONOMISTA

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